Hacía meses que no visitaba este particular rincón de Buenos Aires. Vuelvo en el subte, de punta a punta, y me siento como una turista. Hay gente que hace este trayecto cada día...
La sirena de la puerta suena demasiado cerca de mi oido. Mi Buenos Aires querido...
Los viajantes del subte tienen códigos. Violentos, estrictos, peligrosos... códigos. La señora que está sentada a mi lado tiene un perfume un poco fuerte...
Entre otras cosas, de mi viaje por el microcentro de la ciudad, me llevo estas ideas revoloteando en mi frente...
La gente fuma mucho... pufff, ¡cuánto!
Los edificios son más lindos de lo que creía. ¿Alguna vez habías visto el Banco Hipotecario de Reconquista y noséqué?
La sirena avisa que cierran las puertas y hace una combinación explosiva con el perfume de la señora de al lado. Y hay gente que... Me callo.
Yo, la más orientada, sabionda, asistente de despistados, ¡no conozco la ubicación exacta de las calles del microcentro! Claro que sé que Florida corta Corrientes, tampoco para tanto. Pero ¿Tucumán? ¿Viamonte? ¿Alturas? ¡No tengo idea! Paré para preguntarle a un policía: ¿Florida es para allá o para allá? Me miró desconcertado... "Puede ser una para allá o una para allá"... Ok, estamos a una cuadra pero no sabemos en qué dirección. Mejor llamo a mi hermano menor, que siempre trabajó por estos pagos y asegura que algún día va a tocarme. Se rie. El resto de la gente que corre a mi alrededor me da un poco de... de... de algo. En fin, aunque sea, me pare donde me pare en esta ciudad, sé en qué dirección está el río.
Hay más de una persona que trata de hablar por celular adentro del subte. Muchos no lo logran y, en el intento, desparraman un millón de noteescucho, estoyenelsubte, tellamodespués, tedijequedespuéshablamos... ¡Permiso! ¡Permiso! ¡Permiso! A ver si se corren de la puerta... El señor que está parado delante de mi asiento está más cerca de lo que me gustaría. Tiene la camisa afuera. Miro para arriba: es un pendejito. Sonrío.
Mintras camino reviso mis bolsillos por las dudas. Llevo la cartera para adelante, como aprendemos a hacer los que nacemos por acá. ¡Cambio! ¡Cambio! Más de un "agente de turismo" me habla en inglés, después en portugués... y no hay más tiempo para arriesgar otro idioma porque mis pasitos se alejan. Ellos de verdad creyeron que soy turista.
La bolsa de la señora que se ubicó delante de mi asiento llega hasta mi nariz. El perfume no se bajó todavía. La sirena suena que te suena...
Los ringtones, también. ¿Ya te conté de mi proyecto de ley? En los transportes públicos habrá que poner los celulares en silencio o en vibrador. Eso cuando sea goberbadora, ¡o presidenta! Dios no lo permita, como diría mi abuela (lo de dios, no lo de la política, aunque también...).
Claramente hay muchos más extranjeros que antes, y me gusta. Le da más intensidad a este sentimiento de turismo en mi ciudad. Hay más negocios de souvenires, sweaters' shop, vinhos y so on... Buenos Aires es una ciudad increíble...
Estoy agotada. Es el aire puro... (Era un chiste). Es un día intenso. Éste es un viaje largo.
Olleros. Ya entra un poco de aire por la puerta. Extraño a los gatos. Tengo sed.
Como siempre pasa en los viajes, quedaron cosas pendientes: me hubiese dado una vueltita por Plaza de Mayo, por ejemplo. La próxima vez será, dicen...
¿Llegamos? Llegamos. El río sigue ahí. Respiro.
jueves, 15 de septiembre de 2011
lunes, 22 de agosto de 2011
Cataplum...!
Un último hilo de vos y después,
este segmento de cielo blanco,
silencioso
y nada.
Este latido
pulsa allá abajo, naranja.
No quiero escucharte,
no quiero verte,
no quiero este cielo hueco.
No quiero ser tan obvia,
no quiero las manos en el hombro...
Mucho menos, que se rian,
mucho mucho menos, los sermones.
Ni hablar de las miradas que me ven desde arriba
(me hacen diminuta).
Por suerte, siempre estuve al margen
de todo.
Nada es verdad... sólo el sol.
este segmento de cielo blanco,
silencioso
y nada.
Este latido
pulsa allá abajo, naranja.
No quiero escucharte,
no quiero verte,
no quiero este cielo hueco.
No quiero ser tan obvia,
no quiero las manos en el hombro...
Mucho menos, que se rian,
mucho mucho menos, los sermones.
Ni hablar de las miradas que me ven desde arriba
(me hacen diminuta).
Por suerte, siempre estuve al margen
de todo.
Nada es verdad... sólo el sol.
martes, 16 de agosto de 2011
De cara al cielo
Desde el piso de la cocina tengo otra perspectiva.
Cielo blanco, impávido, atento a mis dagas voladoras.
Dagas de sal.
Los gatos repiten un circuito divertido, esperanzados con mi presencia cercana al plato de comida; pero también asustados por tanto bochinche invisible...
Al ras del suelo, esquivo frases como "todo va a estar bien" o "relajate". (Todo estaría bien -o al menos, mejor- si lograra alcanzar ese pedazo de tomate que debe llevar siglos debajo del horno.)
Mi espalda encuentra más puntos en común con el suelo y mi pelo debe parecer una corona ruluda... la muralla que separa al enemigo del castillo, mi cabeza.
Ruedo.
Ahora mi mejilla izquierda siente el frío ácido del piso y descansa. El castillo, sin embargo, está afiebrado.
A la distancia, el mármol de la mesada se excusa gris y nevado... Planeo treparme y soñar que es una montaña... Desde arriba, tengo otra perspectiva.
El suelo acogedor se aleja y llega una brisa fresca y verde que me saca a pasear.
Bosque.
Cielo azul, impávido, atento a mis flores voladoras (flores de sal...)
Cielo blanco, impávido, atento a mis dagas voladoras.
Dagas de sal.
Los gatos repiten un circuito divertido, esperanzados con mi presencia cercana al plato de comida; pero también asustados por tanto bochinche invisible...
Al ras del suelo, esquivo frases como "todo va a estar bien" o "relajate". (Todo estaría bien -o al menos, mejor- si lograra alcanzar ese pedazo de tomate que debe llevar siglos debajo del horno.)
Mi espalda encuentra más puntos en común con el suelo y mi pelo debe parecer una corona ruluda... la muralla que separa al enemigo del castillo, mi cabeza.
Ruedo.
Ahora mi mejilla izquierda siente el frío ácido del piso y descansa. El castillo, sin embargo, está afiebrado.
A la distancia, el mármol de la mesada se excusa gris y nevado... Planeo treparme y soñar que es una montaña... Desde arriba, tengo otra perspectiva.
El suelo acogedor se aleja y llega una brisa fresca y verde que me saca a pasear.
Bosque.
Cielo azul, impávido, atento a mis flores voladoras (flores de sal...)
jueves, 30 de junio de 2011
Vuelta
Me tomaste el brazo y un millón de añoz luz atravesaron mi espina. Durante los primeros pasos me debatí entre sumergime en los recuerdos y buscar la forma de pedirte que vuelvas y te quedes para siempre.
Caminamos un montón de cuadras en pocos minutos, aunque muchas menos de las que solíamos andar en el secundario... charlando andá a saber de qué. Comíamos pastelitos de manzana en McDonalds', que sabían a todas esas noches frías. Yo usaba el gamulán que había sido de mi viejo y las dos gastábamos las mismas botanguitas que llevábamos a la escuela. Una noche, un pedacito de pastel manchó mi pie derecho de forma permanente, y nos reímos como locas, como si realmente fuese a durar para siempre.
Muchas veces terminábamos en el pool del rengo, al lado de la comisaría, donde lo más genial era acariciar a la Negrita, mientras los chicos se jugaban la vida en la mesa de felpa verde. Fueron noches de todo o nada. De miles de cuadras apiladas bajo nuestros pies... Entonces, teníamos el don de llamarnos a cualquier hora, como si fuésemos adultos con problemas de verdad, pensando que hasta hoy viviríamos a la vuelta, capaces de correr al rescate de un corazón roto.
Como hoy. Dos de esos latiendo y sangrando y acalambrándose sobre la mesa de un lindo restaurant porteño. ¿Hubieses creído que seguiríamos entendiéndonos? Y después, tan sólo unos minutos después, risas agudas, filosas... Risas por cosas importantes. No vamos a llorar ahora...
Esta noche hace frío, y no extraño mi gamulán. Tengo una campera negra y gorda que me llega a la rodilla.
Charlamos.
El tiempo se vuelve loco y ni siquiera me lleva a nuestro viejo barrio, a los noventaitantos, a las miles de cuadras de aquellos años... Tampoco es hoy. La ciudad se vuelve más Buenos Aires que nunca, porque vos estás, y porque yo nunca fui de acá... Dos turistas medio tontas, del bracito, como las abuelitas que siempre fuimos, desde el secundario.
... Y no quiero prometerte que la solución es volver. Yo tampoco voy a quedarme. Pero cuánto quiero decirte que no te vayas...
Caminamos un montón de cuadras en pocos minutos, aunque muchas menos de las que solíamos andar en el secundario... charlando andá a saber de qué. Comíamos pastelitos de manzana en McDonalds', que sabían a todas esas noches frías. Yo usaba el gamulán que había sido de mi viejo y las dos gastábamos las mismas botanguitas que llevábamos a la escuela. Una noche, un pedacito de pastel manchó mi pie derecho de forma permanente, y nos reímos como locas, como si realmente fuese a durar para siempre.
Muchas veces terminábamos en el pool del rengo, al lado de la comisaría, donde lo más genial era acariciar a la Negrita, mientras los chicos se jugaban la vida en la mesa de felpa verde. Fueron noches de todo o nada. De miles de cuadras apiladas bajo nuestros pies... Entonces, teníamos el don de llamarnos a cualquier hora, como si fuésemos adultos con problemas de verdad, pensando que hasta hoy viviríamos a la vuelta, capaces de correr al rescate de un corazón roto.
Como hoy. Dos de esos latiendo y sangrando y acalambrándose sobre la mesa de un lindo restaurant porteño. ¿Hubieses creído que seguiríamos entendiéndonos? Y después, tan sólo unos minutos después, risas agudas, filosas... Risas por cosas importantes. No vamos a llorar ahora...
Esta noche hace frío, y no extraño mi gamulán. Tengo una campera negra y gorda que me llega a la rodilla.
Charlamos.
El tiempo se vuelve loco y ni siquiera me lleva a nuestro viejo barrio, a los noventaitantos, a las miles de cuadras de aquellos años... Tampoco es hoy. La ciudad se vuelve más Buenos Aires que nunca, porque vos estás, y porque yo nunca fui de acá... Dos turistas medio tontas, del bracito, como las abuelitas que siempre fuimos, desde el secundario.
... Y no quiero prometerte que la solución es volver. Yo tampoco voy a quedarme. Pero cuánto quiero decirte que no te vayas...
miércoles, 13 de abril de 2011
Huerta
Hoy subí más decidida que otras veces.
Corté todos tus frutos, que, en chiste, son casi mis hijos y en serio... también.
La piel de la mayoría estaba áspera. Muchos habían comenzado a pudrirse, o terminado de olvidar.
Tus ramas permanecieron ahí, secas, extrañadas... como pidiendo por favor.
(No sé cómo funciona esto. Se supone que, al final de la temporada, ¿uno se despide? Así... ¿rodeado de muerte...? ¿O me siento a esperar a que, después del invierno, las hojas vuelvan a estar verdes y, como esta primavera, brillen como lo hicieron las pocas que estuvieron sanas?)
Este mediodía nadie va a entender por qué los tomates no están condimentados. Pocos van a sentir ese sabor medio ácido y apenas dulzón de los frutos rojos de variados tamaños.
Hoy es el final.
Me veo tan triste y me espanto... Algunos péndulos-semillas golpean mis pecas y sé que es real.
Evoco torpemente a quienes me alentaron, a esas manos escasas y amorosas que compartieron la brutalidad del sol en verano, el amotinamiento de los miles de bichos que nunca desistieron... inclusive hasta hoy.
Vida.
¿Será que esos intrusos diminutos seguirán colmando la terraza de latidos infinitos?
Corté todos tus frutos, que, en chiste, son casi mis hijos y en serio... también.
La piel de la mayoría estaba áspera. Muchos habían comenzado a pudrirse, o terminado de olvidar.
Tus ramas permanecieron ahí, secas, extrañadas... como pidiendo por favor.
(No sé cómo funciona esto. Se supone que, al final de la temporada, ¿uno se despide? Así... ¿rodeado de muerte...? ¿O me siento a esperar a que, después del invierno, las hojas vuelvan a estar verdes y, como esta primavera, brillen como lo hicieron las pocas que estuvieron sanas?)
Este mediodía nadie va a entender por qué los tomates no están condimentados. Pocos van a sentir ese sabor medio ácido y apenas dulzón de los frutos rojos de variados tamaños.
Hoy es el final.
Me veo tan triste y me espanto... Algunos péndulos-semillas golpean mis pecas y sé que es real.
Evoco torpemente a quienes me alentaron, a esas manos escasas y amorosas que compartieron la brutalidad del sol en verano, el amotinamiento de los miles de bichos que nunca desistieron... inclusive hasta hoy.
Vida.
¿Será que esos intrusos diminutos seguirán colmando la terraza de latidos infinitos?
miércoles, 6 de abril de 2011
Dedicatoria
Algo propio, dije. Las rodillas se doblan. Una de esas cosas que me dejan pegada al sol. En este rincón.
Algo estúpido y hasta cursi... Nada que ver. Je.
Inspiración. ¿Inspiración?
Vos... ahí, tan lejos y tan acá. Con tu pulpito... Y yo, que no soy nadie, que no pudo haber sido la que entendió... acá... me hago poste.
Algo estúpido y hasta cursi... Nada que ver. Je.
Inspiración. ¿Inspiración?
Vos... ahí, tan lejos y tan acá. Con tu pulpito... Y yo, que no soy nadie, que no pudo haber sido la que entendió... acá... me hago poste.
lunes, 4 de abril de 2011
Ida y vuelta
Suena Los Dinosaurios. Las vaquitas manchan el paisaje. Camiones ruedan, como si aquello fuera una nube o como si faltaran 1300 kilómetros para llegar. La muerte pasa cerca varias veces en la ruta. Los que se sienten inmunes nos acercan.
Pergolini se aleja... casi... no... escuchamos... La señal trae silencio. La luna permanece. Once y seis... am.
***
Qué vino primero? Pehuajó y su tortuga o la tortuguita de Pehuajó con María Helena Walsh? Homenaje. La tortuga lenta en los pies de él. La tortuga rápida en mis pies.
Vayan tranquilos.
Suena Cerati y no podemos evitar cerrar los ojos por aunque sea un segundo. Puedan algunos acercarse desde allá para traer lo que él trajo. Para siempre.
Mi muslo izquierdo suele oficiar de guitarra... en el mejor de los casos. Sino es batería y me hace picar.
Aplausos para Gustavo. Abrazos para María Helena. Zapatitos para la tortuga.
***
Te fuiste sin que pudiera evitarlo
Mi pena vuela al ras de esta estepa infinita
Las filosas aristas de nuestra presencia en tu mundo
Si sólo cruzabas el camino...
¿Tendrías hijos? ¿Te esperaría tu amado en el nido?
La ruta sigue
Gotas densas retumban sobre la línea punteada
/ de mi tristeza
Perdón por estar justo ahí... en ese mismo segmento
en mi ocaso y tu final
La ruta sigue.
***
Volver,
después de años, de a poco...
Los pasos del camino
La secuencia finita de altos y mesetas y llanuras
/ húmedas, acá.
Volver siempre me cayó mal.
Pergolini se aleja... casi... no... escuchamos... La señal trae silencio. La luna permanece. Once y seis... am.
***
Qué vino primero? Pehuajó y su tortuga o la tortuguita de Pehuajó con María Helena Walsh? Homenaje. La tortuga lenta en los pies de él. La tortuga rápida en mis pies.
Vayan tranquilos.
Suena Cerati y no podemos evitar cerrar los ojos por aunque sea un segundo. Puedan algunos acercarse desde allá para traer lo que él trajo. Para siempre.
Mi muslo izquierdo suele oficiar de guitarra... en el mejor de los casos. Sino es batería y me hace picar.
Aplausos para Gustavo. Abrazos para María Helena. Zapatitos para la tortuga.
***
Te fuiste sin que pudiera evitarlo
Mi pena vuela al ras de esta estepa infinita
Las filosas aristas de nuestra presencia en tu mundo
Si sólo cruzabas el camino...
¿Tendrías hijos? ¿Te esperaría tu amado en el nido?
La ruta sigue
Gotas densas retumban sobre la línea punteada
/ de mi tristeza
Perdón por estar justo ahí... en ese mismo segmento
en mi ocaso y tu final
La ruta sigue.
***
Volver,
después de años, de a poco...
Los pasos del camino
La secuencia finita de altos y mesetas y llanuras
/ húmedas, acá.
Volver siempre me cayó mal.
domingo, 13 de febrero de 2011
Hoy...
... podría morirse Coldplay.
La cadencia del día mejoraría con Space Cowboy... la cabeza va cayendo hacia los lados como la de los perritos en los taxis.
Este domingo, tan domingo, tan domingo como ningún otro en los últimos años... Al menos hay sol, y no hace demasiado calor.
Mantener el hilo se vuelve una meta revoltosa y escapista.
El silencio
de este domingo atónito
se cuela
en mi espina.
Anestesia,
siesta.
Libros, apuntes, cartuchera, escoba, plancha, biquini, mate, el sol...
Fin.
La cadencia del día mejoraría con Space Cowboy... la cabeza va cayendo hacia los lados como la de los perritos en los taxis.
Este domingo, tan domingo, tan domingo como ningún otro en los últimos años... Al menos hay sol, y no hace demasiado calor.
Mantener el hilo se vuelve una meta revoltosa y escapista.
El silencio
de este domingo atónito
se cuela
en mi espina.
Anestesia,
siesta.
Libros, apuntes, cartuchera, escoba, plancha, biquini, mate, el sol...
Fin.
sábado, 12 de febrero de 2011
Hasta mañana...
Quiero hacer tanto silencio que mis pupilas se encuentren entre sí (pero no se saluden),
tanto silencio que mis brazos me abracen hasta hacerme desaparecer.
Silencio-caricia.
Quiero hacer tanto, pero tanto silencio que se callen mis pestañas y que mi frente se olvide de gritar.
Quiero hacer tanto silencio que desaparezcan mis pecas en el horizonte, como destellos de una pausa infinita...
brillante
olvidada
triste
remota.
Quiero hacer tanto silencio que las preguntas pierdan el camino,
que las respuestas se desconcierten,
que las hojas-secas-mis-latidos se duerman... descansen... hasta otro día.
tanto silencio que mis brazos me abracen hasta hacerme desaparecer.
Silencio-caricia.
Quiero hacer tanto, pero tanto silencio que se callen mis pestañas y que mi frente se olvide de gritar.
Quiero hacer tanto silencio que desaparezcan mis pecas en el horizonte, como destellos de una pausa infinita...
brillante
olvidada
triste
remota.
Quiero hacer tanto silencio que las preguntas pierdan el camino,
que las respuestas se desconcierten,
que las hojas-secas-mis-latidos se duerman... descansen... hasta otro día.
jueves, 10 de febrero de 2011
Esta noche...
las letras se desdibujan como huyendo
mis sonidos retumban en la inmensidad de tu ausencia
claras como nubes
las huellas pasan y desaparecen
nada
el oscuro parecer del monstruo que me acecha...
las flores pálidas del infierno
el remolino incesante en mi estómago
las carreras de los gatos, como terremotos invisibles,
gastan el mismo suelo que yo gasto
la presencia de todo y, sin embargo,
la ausencia de todo
corro
el infinito se acerca al galope hacia mi cara
los ojos inmensos de la melancolía
la mitad de la luna
la mitad del hambre
la mitad del sueño
la mitad de mis manos
la mitad del espejo
palabras, nada.
mis sonidos retumban en la inmensidad de tu ausencia
claras como nubes
las huellas pasan y desaparecen
nada
el oscuro parecer del monstruo que me acecha...
las flores pálidas del infierno
el remolino incesante en mi estómago
las carreras de los gatos, como terremotos invisibles,
gastan el mismo suelo que yo gasto
la presencia de todo y, sin embargo,
la ausencia de todo
corro
el infinito se acerca al galope hacia mi cara
los ojos inmensos de la melancolía
la mitad de la luna
la mitad del hambre
la mitad del sueño
la mitad de mis manos
la mitad del espejo
palabras, nada.
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