martes, 16 de agosto de 2011

De cara al cielo

Desde el piso de la cocina tengo otra perspectiva.
Cielo blanco, impávido, atento a mis dagas voladoras.
Dagas de sal.
Los gatos repiten un circuito divertido, esperanzados con mi presencia cercana al plato de comida; pero también asustados por tanto bochinche invisible...
Al ras del suelo, esquivo frases como "todo va a estar bien" o "relajate". (Todo estaría bien -o al menos, mejor- si lograra alcanzar ese pedazo de tomate que debe llevar siglos debajo del horno.)
Mi espalda encuentra más puntos en común con el suelo y mi pelo debe parecer una corona ruluda... la muralla que separa al enemigo del castillo, mi cabeza.
Ruedo.
Ahora mi mejilla izquierda siente el frío ácido del piso y descansa. El castillo, sin embargo, está afiebrado.
A la distancia, el mármol de la mesada se excusa gris y nevado... Planeo treparme y soñar que es una montaña... Desde arriba, tengo otra perspectiva.
El suelo acogedor se aleja y llega una brisa fresca y verde que me saca a pasear.
Bosque.
Cielo azul, impávido, atento a mis flores voladoras (flores de sal...)


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