domingo, 3 de mayo de 2015
Hasta la vuelta
Me pongo los auriculares y una señora muy mayor que me estuvo hablando hasta recién pone cara de aflijida como "no me dejes". Por un momento me distraigo de lo que iba a escribir. La señora se para, camina. Yo pienso en lo acostumbrados que estamos a que el mundo sea uno. Y lo raro que puede ser para una persona que nació hace casi cien años.
Abro el Lindt y al masticar me suena en los oídos, que están silenciosos como cuando uno se pone los auriculares pero no pone play. Me acuerdo de cuando te mostré alguno de mis textos: "bastante anecdótico" fue la sentencia. Y bué...
Siempre tuve una simpatía muy especial por los aeropuertos, por no decir una pasión desmedida. Por los aeropuertos, inclusive para llevar y buscar a otros. Aunque hay que aceptar que son muchas más las veces que me tienen de pasajera. Amo viajar. Solía ser lo más apreciado de mi vida. Y por suerte viajé mucho. Mucho. Y pienso seguir.
Pero hoy la aventura se queda en casa. La casa que elegí por primera vez. Con la muebles que construimos y los amigos que hicimos y el proyecto que emprendimos. Voy a extrañar mucho todo eso. Hasta la vuelta, cuando comience un nuevo viaje en nuestro hogar.
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