domingo, 3 de mayo de 2015

Hasta la vuelta


Me pongo los auriculares y una señora muy mayor que me estuvo hablando hasta recién pone cara de aflijida como "no me dejes". Por un momento me distraigo de lo que iba a escribir. La señora se para, camina. Yo pienso en lo acostumbrados que estamos a que el mundo sea uno. Y lo raro que puede ser para una persona que nació hace casi cien años. 
Abro el Lindt y al masticar me suena en los oídos, que están silenciosos como cuando uno se pone los auriculares pero no pone play. Me acuerdo de cuando te mostré alguno de mis textos: "bastante anecdótico" fue la sentencia. Y bué...
Siempre tuve una simpatía muy especial por los aeropuertos, por no decir una pasión desmedida. Por los aeropuertos, inclusive para llevar y buscar a otros. Aunque hay que aceptar que son muchas más las veces que me tienen de pasajera. Amo viajar. Solía ser lo más apreciado de mi vida. Y por suerte viajé mucho. Mucho. Y pienso seguir.
Pero hoy la aventura se queda en casa. La casa que elegí por primera vez. Con la muebles que construimos y los amigos que hicimos y el proyecto que emprendimos. Voy a extrañar mucho todo eso. Hasta la vuelta, cuando comience un nuevo viaje en nuestro hogar. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Maple syrup fudge


Decido comer un pedazo de fudge, aunque son menos de las once de la mañana. Viejas y rígidas estructuras se rompen en los trenes.
Pienso que, en definitiva, fue genial venir en tren. El camino en auto hasta Perú y la vuelta a la estación fueron un momento más de encuentro con amigos y tuvimos la oportunidad de escuchar historias y charlar acerca del paisaje, las ciudades, los pueblitos...
El río Hudson sigue congelado. Los juncos amarillos siguen erguidos y secos. Claro, pasaron sólo un par de días. Sin embargo pareció mucho más.
Últimamente el tiempo se viene expandiendo, como si viviéramos dentro de un globo que se infla y se infla sin parar. Cada vez hay más espacio, el horizonte se aleja, los círculos del reloj se amplían... Sobre el final de marzo, pareciera que este año empezó hace varios meses. Según mis cálculos, ya debería ser más de mitad de año.
Acá estamos. Recién comienza la primera primavera del 2014.
Pienso que los trenes me gustan. Hay algo en los trenes, como si el tiempo se detuviera sobre las vías. Y todos somos cómplices hasta que, al llegar a la siguiente estación, el reloj vuelve a girar, los rostros se renuevan y también entra aire fresco del exterior.
La señora en frente sigue durmiendo, el señor muy cerca mío sigue haciendo compras por internet. El guardia va y viene. Hace calor. Mi pelo, como suele pasar en los viajes, se volvió tan lacio que da miedo.
Pienso que el calor me está dejando un poco tonta, o será el viaje, las valijas, las horas, el queso, las nubes, los espejos, los recuerdos, las pretensiones, las palabras, los ojos, las preguntas. Será que al detenernos por unos años el tiempo va a ir

rápido otra vez? Espero que no.

viernes, 21 de marzo de 2014

Cambio de planes

Veo pasar algunos manchones de nieve como chispas. Trabados en los estacionamientos, entre los camiones de un depósito... También pasan sobre el agua filas interminables de juncos amarillos y pálidos. La mayor parte de las hojas ya no está sobre los árboles. El entorno es tristemente gris. Tristemente más bien por las circunstancias. Una laguna congelada se interpone entre mis pensamientos y mis dedos.

El viaje en tren desde Penn Station hasta Albany tiene un largo desconocido, un paisaje inesperado, un gusto extraño a mil palpitaciones a la vez. Trato de recuperarme del cambio de planes. (Trato de no pensar en el momento en el que decidí no cargar el documento que hacía falta para retirar el auto).
La pataleta duró unos segundos. Era momento de tomar una decisión... otra vez. Una llamada. Un taxi. Otra llamada. Este tren.
El chirrido agudo de un engranaje poco flexible que suena. Las personas más rígidas hacemos ruido en el impulso de quebrar paradigmas. A veces es tanto que duele. Pero ya hoy es otra época. Me sobrepongo a la molestia física de cambiar los planes, de adaptarnos a esta nueva condición. Otra patada fuera de mi zona de confort. Se siente tan bien que quiero gritar de felicidad.
Faltan tres o cuatro estaciones. Hay que afinar el oído y escuchar con atención el sonido del altoparlante que se oye en el vagón contiguo. Mientras recorremos esta ruta desconocida, vienen recuerdos de otros lugares, como suele pasarme. Otras paredes de roca, otras lagunas, otros túneles, otros otoños...
Sin embrago, todo esto es único. Esos pequeños recortes de cielo azul entre las nubes oscuras. Los manchones de nieve, que llegaron de un cielo diferente. Las casitas al borde del camino están habitadas por personas que nunca vi, que encienden sus hogares mientras por la ventana espían los pedazos de hielo avanzando sobre el río. Una cosa es cierta y repetida: nuevamente estoy lejos de casa. El círculo empieza a girar.

jueves, 25 de julio de 2013

Tenía un paraíso


A veces me siento diminuta
... Entonces me deslizo por el asiento del auto y veo pasar los edificios como gigantes
                                                                                                                              Con suerte, no me ven
Las luces de los semáforos, estrellas invisibles
                                                                                                                                       mi guarida
                              Entrecierro los ojos, recorto del paisaje urbano todo lo que no es cielo
                               Y me encuentro de repente bajo la oscuridad aplastante de mi universo
A veces me vuelvo diminuta y, desde mi escondite de hormiga, veo pasar el mundo como en una película
Con suerte desaparezco

domingo, 8 de julio de 2012

Bariloche - Invierno 2012 II


Día 2

La fórmula perfecta siempre

Los brazos y los abrazos + despertarse a media mañana + el lago después de la ventana empañada + las nubes bajas y, a pesar de todo, los planes + brunch (me encanta esa palabra) + consejos de amiga + doce kilómetros a cuarenta por la ruta nacional 23 hacia la estepa áspera, amarilla, apenas nevada, romántica + laguna Los Juncos + cóndor + cóndor + dos bananas dentro del torbellino árido y la roca + abrojos en los pantalones + cóndor + el viento inevitable que trae las nubes del cerro hacia acá + cóndor + un cartel de prohibido cazar + casarse no fue tan mala idea + visita fugaz y empapada al segmento único de la tierra + recorrido por el perímetro + cadena oxidada + perros simpáticos + brioche en Hostería El Retorno, una deuda + ruta + besos + besos + noche + manos frías + ducha + pizza + show de impro en El Molino + cama = felicidad.



viernes, 6 de julio de 2012

Crónica ridícula - Bariloche - Invierno 2012

Día 0

13:20. Adri me pasa a buscar por la escuela. Mi valija está llena. Mi panza, vacía.
14:20. Entro al área de embarque. Ya tengo noticias de los problemas. Es la primera vez que me suena el detector de metales. El precio de las botas fashion. Metal. Me imagino los cerebros de los extranjeros. Paro de controladores. Se les comunica a los señores pasajeros que, debido a los problemas noséqué de las torres de control y los turnos de despegue, los vuelos pueden sufrir demoras o ser cancelados. ¿Dónde más pasarán estas cositas?
14:30. Miro el estado de los vuelos. El mío: demorado. Reprogramado para las 16:00. El duty free shop no tiene nada que me interese. Me siento a comer algo debajo de la tele. Antes de elegir el allmuerzo, miro el estado de los vuelos otra vez. El mío: on time. Me acerco a la puerta de embarque. ¿Este es el avión que va a Bariloche, el que se había reprogramado para las 16:00? ¡Estamos embarcando señora! Ok. No tiene sentido pero me pone contenta.
14:45. Subo al avión. Mi asiento es el 4F. Ventana. Sonrisa amplia. Mis compañeros de fila ya están ubicados. Disculpen. ¡No hay problema, estábamos esperando al pasajero restante! Sonrisa amplia. La policía, junto al avión en 4x4. Reconsidero mi posición en cuanto a la elección de la aerolínea. Durante mi corta espera en el área de embarque cancelaron dos vuelos de LAN y despegaron dos vuelos de Aerolíneas Argentinas/ Austral. Vuelvo a pensar en los extranjeros. Y yo que quería escribir una novela acerca de las horas de espera en el aeropuerto como aquella vez en La Paz, pasando la noche con vértigo...
15:19. No es verdad que el avión se va 15:20. Sin embargo, la tripulación está activa. La policía movió su 4x4 del camino. Nada.
15:25. Tripulación, puertas en armado.



Día1

La calle es para arriba. Voy en segunda porque hay hielo, aunque salí cerca del mediodía, siguiendo las indicaciones de los locales. El cordón pintado de blanco es que se puede estacionar. Acá también se pone complicado encontrar lugar... Lo dejo como a dos cuadras. Me bajo, todavía me quedo tranquila por acá.
La calle va para abajo. Patina. Camino con mucho cuidado esas dos cuadras temiendo caerme y quedar como una turista idiota.
El edificio de la DGR es grande y tiene techo de chapa roja. Entro y me dan el número 173. Ya no hay sectores y llaman a todos desde cualquier escritorio. Cantan: 52, 53, 54... No me voy más...
Salgo a sacar las fotocopias y aprovecho para llamar a la abuela. Lo último que esperaba es que fueras vos, ¡qué alegría me das! Lo fácil que es hacer feliz a la gente... pienso.
Como todavía faltan mil números, cruzo a ver si puedo hacer la copia de la llave. Un grupo de perros se adueña de la vereda, me miran. La señora me dice estoy sin mi marido, se fue a comprar una lima y después pasaba por el taller y otras cosas de la agenda del señor que no vienen al caso. Vuelvo cerca de la una, antes de que cierren. Cierran al mediodía. No sólo en la cerrajería.
Cruzo de nuevo a ver por qué número van: 64, 65, 166... ¡Ah! ¡Se comían el ciento y! No falta nada. Se apilan en mi cabeza las variables ordenadas de otra forma, de acuerdo a la perspectiva de que ya me toca.
173. Vengo a cambiar la titularidad en el impuesto. ¿Trajo copia de la escritura y del documento? Sí. A ver... Bueno, déjemelo así lo miro. (¡¿Así lo miro?!). ¿Qué día es hoy? Viernes 6 de julio. Véngase el martes que ya lo voy a haber revisado, porque esto ¡hay que revisarlo!
Me voy. Trato de encontrarle un sentido a lo que acaba de pasar mientras vuelvo a la cerrajería. ¿Qué es lo que hay que revisar que no esté en la escritura y el documento? ¿Cómo es este trámite? ¿Por qué no lo hizo en la computadora? ¿De quién hay que desconfiar? ¿Qué me irá a decir el martes este buen Enrique? ¿O era Enriquez el apellido?
Me paro a esperar al cerrajero, me quedo quieta. Por suerte hay algo de sol y un perrito chapotea en un manchón de nieve que se derrite lentamente. Pasa una chica grandota y me pregunta disculpá, ¿en qué mes estamos? En julio, hoy es 6 de julio. ¡Ya sé que es 6! Pasa que se me confundo la n con la l, estoy en cualquiera...
Llega un pibe y me saluda. Sólo porque estoy parada cerca de la puerta. Aprovecho y le pregunto ¿vos hacés las llaves? No, mi jefe; a ver, ¿qué llave es? Esta. La agarra y se pone a hacerla.
Después de un rato cortito me la trae. Probala con la puerta abierta, cualquier cosa me la traés. Y agrega: todo puede fallar en la vida.
La calle va para arriba. Un baldío se luce blanquísimo. La vereda sigue congelada y marrón. En la esquina, el conductor: pase. Gracias con la cabeza. Llego al autito alquilado y vuelvo para Dina Huapi escuchando la radio local.
(La llave funcionó).

             


Living

El silencio infinito
El cielo imposible
El agua inmóvil en mi retina
El sol... o el no sol
El sonido de las pocas flores y del reloj
Los pies sobre la mesa
El fuelle junto al hogar apagado
La luz de las 3 de la tarde
El invierno pálido
La música innecesaria, el cuadernito liso
El ventanal
El ritmo inverosímil de la tarde me ausenta del mundo
me devuelve

viernes, 27 de enero de 2012

De acá y de alla

Hay esquinas de Buenos Aires que no parecen Buenos Aires. Me encuentro una, donde está el barcito Las Damas.
Me equivoqué de día del dentista y me encuentro perdida, si ni siquiera puedo confiar en mi agenda...
Así que me siento en este bar, en una mesita afuera, con mantel floreado, al sol. Si no fuera porque desde acá veo mi auto (mal) estacionado en la esquina, creería que tomé un micro y me vine a algún pueblo en la provincia, como Mercedes u Orense, o inclusive Colonia, en Uruguay.
Volviendo a lo del auto, tirado ahí por el apuro o la ansiedad o esta invasión repentina de otro lugar que llegó y se metió en esta esquina de Buenos Aires de repente, quedó justo en la puerta de un local que no leo bien desde acá pero tiene muchos dibujos de Mafalda. Como si fuera un museo de Mafalda o un instituto donde enseñan a dibujarla o lo que sea.
Las tostadas terminan de llevarme, son iguales a las del camping. Y el perro de la calle que juega como loco con unas francesitas que cruzaron de Palermo para este lado, me convence: no estoy acá.
Se sientan dos amigas que charlan a media mañana como vos y yo en el deck hacia el Nahuel. La de rulos está embarazada de tres semanas. (Te voy a ir a ver para contarte, algún día. Pero antes voy a ir no a contarte).
... Y nos vamos a sentar en el muelle a resumir en algunas pocas horas todo lo que pasó en el último millón de meses. O si no, reírnos de las pavadas de siempre, dejando de lado lo importante. 
... Y cuando parta se me va a romper el corazón como cada vez que me alejo de mi casa, de ese cielo azul imposible, de esa brisa áspera.
... Y mientras espere acá la hora de irme para siempre,  voy a seguir abalanzándome brutamente sobre las esquinas que de repente me llevan a tus tostadas.