Un último hilo de vos y después,
este segmento de cielo blanco,
silencioso
y nada.
Este latido
pulsa allá abajo, naranja.
No quiero escucharte,
no quiero verte,
no quiero este cielo hueco.
No quiero ser tan obvia,
no quiero las manos en el hombro...
Mucho menos, que se rian,
mucho mucho menos, los sermones.
Ni hablar de las miradas que me ven desde arriba
(me hacen diminuta).
Por suerte, siempre estuve al margen
de todo.
Nada es verdad... sólo el sol.
lunes, 22 de agosto de 2011
martes, 16 de agosto de 2011
De cara al cielo
Desde el piso de la cocina tengo otra perspectiva.
Cielo blanco, impávido, atento a mis dagas voladoras.
Dagas de sal.
Los gatos repiten un circuito divertido, esperanzados con mi presencia cercana al plato de comida; pero también asustados por tanto bochinche invisible...
Al ras del suelo, esquivo frases como "todo va a estar bien" o "relajate". (Todo estaría bien -o al menos, mejor- si lograra alcanzar ese pedazo de tomate que debe llevar siglos debajo del horno.)
Mi espalda encuentra más puntos en común con el suelo y mi pelo debe parecer una corona ruluda... la muralla que separa al enemigo del castillo, mi cabeza.
Ruedo.
Ahora mi mejilla izquierda siente el frío ácido del piso y descansa. El castillo, sin embargo, está afiebrado.
A la distancia, el mármol de la mesada se excusa gris y nevado... Planeo treparme y soñar que es una montaña... Desde arriba, tengo otra perspectiva.
El suelo acogedor se aleja y llega una brisa fresca y verde que me saca a pasear.
Bosque.
Cielo azul, impávido, atento a mis flores voladoras (flores de sal...)
Cielo blanco, impávido, atento a mis dagas voladoras.
Dagas de sal.
Los gatos repiten un circuito divertido, esperanzados con mi presencia cercana al plato de comida; pero también asustados por tanto bochinche invisible...
Al ras del suelo, esquivo frases como "todo va a estar bien" o "relajate". (Todo estaría bien -o al menos, mejor- si lograra alcanzar ese pedazo de tomate que debe llevar siglos debajo del horno.)
Mi espalda encuentra más puntos en común con el suelo y mi pelo debe parecer una corona ruluda... la muralla que separa al enemigo del castillo, mi cabeza.
Ruedo.
Ahora mi mejilla izquierda siente el frío ácido del piso y descansa. El castillo, sin embargo, está afiebrado.
A la distancia, el mármol de la mesada se excusa gris y nevado... Planeo treparme y soñar que es una montaña... Desde arriba, tengo otra perspectiva.
El suelo acogedor se aleja y llega una brisa fresca y verde que me saca a pasear.
Bosque.
Cielo azul, impávido, atento a mis flores voladoras (flores de sal...)
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