domingo, 8 de julio de 2012
Bariloche - Invierno 2012 II
Día 2
La fórmula perfecta siempre
Los brazos y los abrazos + despertarse a media mañana + el lago después de la ventana empañada + las nubes bajas y, a pesar de todo, los planes + brunch (me encanta esa palabra) + consejos de amiga + doce kilómetros a cuarenta por la ruta nacional 23 hacia la estepa áspera, amarilla, apenas nevada, romántica + laguna Los Juncos + cóndor + cóndor + dos bananas dentro del torbellino árido y la roca + abrojos en los pantalones + cóndor + el viento inevitable que trae las nubes del cerro hacia acá + cóndor + un cartel de prohibido cazar + casarse no fue tan mala idea + visita fugaz y empapada al segmento único de la tierra + recorrido por el perímetro + cadena oxidada + perros simpáticos + brioche en Hostería El Retorno, una deuda + ruta + besos + besos + noche + manos frías + ducha + pizza + show de impro en El Molino + cama = felicidad.
viernes, 6 de julio de 2012
Crónica ridícula - Bariloche - Invierno 2012
Día 0
13:20. Adri me pasa a buscar por la escuela. Mi valija está llena. Mi panza, vacía.
14:20. Entro al área de embarque. Ya tengo noticias de los problemas. Es la primera vez que me suena el detector de metales. El precio de las botas fashion. Metal. Me imagino los cerebros de los extranjeros. Paro de controladores. Se les comunica a los señores pasajeros que, debido a los problemas noséqué de las torres de control y los turnos de despegue, los vuelos pueden sufrir demoras o ser cancelados. ¿Dónde más pasarán estas cositas?
14:30. Miro el estado de los vuelos. El mío: demorado. Reprogramado para las 16:00. El duty free shop no tiene nada que me interese. Me siento a comer algo debajo de la tele. Antes de elegir el allmuerzo, miro el estado de los vuelos otra vez. El mío: on time. Me acerco a la puerta de embarque. ¿Este es el avión que va a Bariloche, el que se había reprogramado para las 16:00? ¡Estamos embarcando señora! Ok. No tiene sentido pero me pone contenta.
14:45. Subo al avión. Mi asiento es el 4F. Ventana. Sonrisa amplia. Mis compañeros de fila ya están ubicados. Disculpen. ¡No hay problema, estábamos esperando al pasajero restante! Sonrisa amplia. La policía, junto al avión en 4x4. Reconsidero mi posición en cuanto a la elección de la aerolínea. Durante mi corta espera en el área de embarque cancelaron dos vuelos de LAN y despegaron dos vuelos de Aerolíneas Argentinas/ Austral. Vuelvo a pensar en los extranjeros. Y yo que quería escribir una novela acerca de las horas de espera en el aeropuerto como aquella vez en La Paz, pasando la noche con vértigo...
15:19. No es verdad que el avión se va 15:20. Sin embargo, la tripulación está activa. La policía movió su 4x4 del camino. Nada.
15:25. Tripulación, puertas en armado.
Día1
La calle es para arriba. Voy en segunda porque hay hielo, aunque salí cerca del mediodía, siguiendo las indicaciones de los locales. El cordón pintado de blanco es que se puede estacionar. Acá también se pone complicado encontrar lugar... Lo dejo como a dos cuadras. Me bajo, todavía me quedo tranquila por acá.
La calle va para abajo. Patina. Camino con mucho cuidado esas dos cuadras temiendo caerme y quedar como una turista idiota.
El edificio de la DGR es grande y tiene techo de chapa roja. Entro y me dan el número 173. Ya no hay sectores y llaman a todos desde cualquier escritorio. Cantan: 52, 53, 54... No me voy más...
Salgo a sacar las fotocopias y aprovecho para llamar a la abuela. Lo último que esperaba es que fueras vos, ¡qué alegría me das! Lo fácil que es hacer feliz a la gente... pienso.
Como todavía faltan mil números, cruzo a ver si puedo hacer la copia de la llave. Un grupo de perros se adueña de la vereda, me miran. La señora me dice estoy sin mi marido, se fue a comprar una lima y después pasaba por el taller y otras cosas de la agenda del señor que no vienen al caso. Vuelvo cerca de la una, antes de que cierren. Cierran al mediodía. No sólo en la cerrajería.
Cruzo de nuevo a ver por qué número van: 64, 65, 166... ¡Ah! ¡Se comían el ciento y! No falta nada. Se apilan en mi cabeza las variables ordenadas de otra forma, de acuerdo a la perspectiva de que ya me toca.
173. Vengo a cambiar la titularidad en el impuesto. ¿Trajo copia de la escritura y del documento? Sí. A ver... Bueno, déjemelo así lo miro. (¡¿Así lo miro?!). ¿Qué día es hoy? Viernes 6 de julio. Véngase el martes que ya lo voy a haber revisado, porque esto ¡hay que revisarlo!
Me voy. Trato de encontrarle un sentido a lo que acaba de pasar mientras vuelvo a la cerrajería. ¿Qué es lo que hay que revisar que no esté en la escritura y el documento? ¿Cómo es este trámite? ¿Por qué no lo hizo en la computadora? ¿De quién hay que desconfiar? ¿Qué me irá a decir el martes este buen Enrique? ¿O era Enriquez el apellido?
Me paro a esperar al cerrajero, me quedo quieta. Por suerte hay algo de sol y un perrito chapotea en un manchón de nieve que se derrite lentamente. Pasa una chica grandota y me pregunta disculpá, ¿en qué mes estamos? En julio, hoy es 6 de julio. ¡Ya sé que es 6! Pasa que se me confundo la n con la l, estoy en cualquiera...
Llega un pibe y me saluda. Sólo porque estoy parada cerca de la puerta. Aprovecho y le pregunto ¿vos hacés las llaves? No, mi jefe; a ver, ¿qué llave es? Esta. La agarra y se pone a hacerla.
Después de un rato cortito me la trae. Probala con la puerta abierta, cualquier cosa me la traés. Y agrega: todo puede fallar en la vida.
La calle va para arriba. Un baldío se luce blanquísimo. La vereda sigue congelada y marrón. En la esquina, el conductor: pase. Gracias con la cabeza. Llego al autito alquilado y vuelvo para Dina Huapi escuchando la radio local.
(La llave funcionó).

Living
El silencio infinito
El cielo imposible
El agua inmóvil en mi retina
El sol... o el no sol
El sonido de las pocas flores y del reloj
Los pies sobre la mesa
El fuelle junto al hogar apagado
La luz de las 3 de la tarde
El invierno pálido
La música innecesaria, el cuadernito liso
El ventanal
El ritmo inverosímil de la tarde me ausenta del mundo
me devuelve
13:20. Adri me pasa a buscar por la escuela. Mi valija está llena. Mi panza, vacía.
14:20. Entro al área de embarque. Ya tengo noticias de los problemas. Es la primera vez que me suena el detector de metales. El precio de las botas fashion. Metal. Me imagino los cerebros de los extranjeros. Paro de controladores. Se les comunica a los señores pasajeros que, debido a los problemas noséqué de las torres de control y los turnos de despegue, los vuelos pueden sufrir demoras o ser cancelados. ¿Dónde más pasarán estas cositas?
14:30. Miro el estado de los vuelos. El mío: demorado. Reprogramado para las 16:00. El duty free shop no tiene nada que me interese. Me siento a comer algo debajo de la tele. Antes de elegir el allmuerzo, miro el estado de los vuelos otra vez. El mío: on time. Me acerco a la puerta de embarque. ¿Este es el avión que va a Bariloche, el que se había reprogramado para las 16:00? ¡Estamos embarcando señora! Ok. No tiene sentido pero me pone contenta.
14:45. Subo al avión. Mi asiento es el 4F. Ventana. Sonrisa amplia. Mis compañeros de fila ya están ubicados. Disculpen. ¡No hay problema, estábamos esperando al pasajero restante! Sonrisa amplia. La policía, junto al avión en 4x4. Reconsidero mi posición en cuanto a la elección de la aerolínea. Durante mi corta espera en el área de embarque cancelaron dos vuelos de LAN y despegaron dos vuelos de Aerolíneas Argentinas/ Austral. Vuelvo a pensar en los extranjeros. Y yo que quería escribir una novela acerca de las horas de espera en el aeropuerto como aquella vez en La Paz, pasando la noche con vértigo...
15:19. No es verdad que el avión se va 15:20. Sin embargo, la tripulación está activa. La policía movió su 4x4 del camino. Nada.
15:25. Tripulación, puertas en armado.
Día1
La calle es para arriba. Voy en segunda porque hay hielo, aunque salí cerca del mediodía, siguiendo las indicaciones de los locales. El cordón pintado de blanco es que se puede estacionar. Acá también se pone complicado encontrar lugar... Lo dejo como a dos cuadras. Me bajo, todavía me quedo tranquila por acá.
La calle va para abajo. Patina. Camino con mucho cuidado esas dos cuadras temiendo caerme y quedar como una turista idiota.
El edificio de la DGR es grande y tiene techo de chapa roja. Entro y me dan el número 173. Ya no hay sectores y llaman a todos desde cualquier escritorio. Cantan: 52, 53, 54... No me voy más...
Salgo a sacar las fotocopias y aprovecho para llamar a la abuela. Lo último que esperaba es que fueras vos, ¡qué alegría me das! Lo fácil que es hacer feliz a la gente... pienso.
Como todavía faltan mil números, cruzo a ver si puedo hacer la copia de la llave. Un grupo de perros se adueña de la vereda, me miran. La señora me dice estoy sin mi marido, se fue a comprar una lima y después pasaba por el taller y otras cosas de la agenda del señor que no vienen al caso. Vuelvo cerca de la una, antes de que cierren. Cierran al mediodía. No sólo en la cerrajería.
Cruzo de nuevo a ver por qué número van: 64, 65, 166... ¡Ah! ¡Se comían el ciento y! No falta nada. Se apilan en mi cabeza las variables ordenadas de otra forma, de acuerdo a la perspectiva de que ya me toca.
173. Vengo a cambiar la titularidad en el impuesto. ¿Trajo copia de la escritura y del documento? Sí. A ver... Bueno, déjemelo así lo miro. (¡¿Así lo miro?!). ¿Qué día es hoy? Viernes 6 de julio. Véngase el martes que ya lo voy a haber revisado, porque esto ¡hay que revisarlo!
Me voy. Trato de encontrarle un sentido a lo que acaba de pasar mientras vuelvo a la cerrajería. ¿Qué es lo que hay que revisar que no esté en la escritura y el documento? ¿Cómo es este trámite? ¿Por qué no lo hizo en la computadora? ¿De quién hay que desconfiar? ¿Qué me irá a decir el martes este buen Enrique? ¿O era Enriquez el apellido?
Me paro a esperar al cerrajero, me quedo quieta. Por suerte hay algo de sol y un perrito chapotea en un manchón de nieve que se derrite lentamente. Pasa una chica grandota y me pregunta disculpá, ¿en qué mes estamos? En julio, hoy es 6 de julio. ¡Ya sé que es 6! Pasa que se me confundo la n con la l, estoy en cualquiera...
Llega un pibe y me saluda. Sólo porque estoy parada cerca de la puerta. Aprovecho y le pregunto ¿vos hacés las llaves? No, mi jefe; a ver, ¿qué llave es? Esta. La agarra y se pone a hacerla.
Después de un rato cortito me la trae. Probala con la puerta abierta, cualquier cosa me la traés. Y agrega: todo puede fallar en la vida.
La calle va para arriba. Un baldío se luce blanquísimo. La vereda sigue congelada y marrón. En la esquina, el conductor: pase. Gracias con la cabeza. Llego al autito alquilado y vuelvo para Dina Huapi escuchando la radio local.
(La llave funcionó).
Living
El silencio infinito
El cielo imposible
El agua inmóvil en mi retina
El sol... o el no sol
El sonido de las pocas flores y del reloj
Los pies sobre la mesa
El fuelle junto al hogar apagado
La luz de las 3 de la tarde
El invierno pálido
La música innecesaria, el cuadernito liso
El ventanal
El ritmo inverosímil de la tarde me ausenta del mundo
me devuelve
viernes, 27 de enero de 2012
De acá y de alla
Hay esquinas de Buenos Aires que no parecen Buenos Aires. Me encuentro una, donde está el barcito Las Damas.
Me equivoqué de día del dentista y me encuentro perdida, si ni siquiera puedo confiar en mi agenda...
Así que me siento en este bar, en una mesita afuera, con mantel floreado, al sol. Si no fuera porque desde acá veo mi auto (mal) estacionado en la esquina, creería que tomé un micro y me vine a algún pueblo en la provincia, como Mercedes u Orense, o inclusive Colonia, en Uruguay.
Volviendo a lo del auto, tirado ahí por el apuro o la ansiedad o esta invasión repentina de otro lugar que llegó y se metió en esta esquina de Buenos Aires de repente, quedó justo en la puerta de un local que no leo bien desde acá pero tiene muchos dibujos de Mafalda. Como si fuera un museo de Mafalda o un instituto donde enseñan a dibujarla o lo que sea.
Las tostadas terminan de llevarme, son iguales a las del camping. Y el perro de la calle que juega como loco con unas francesitas que cruzaron de Palermo para este lado, me convence: no estoy acá.
Se sientan dos amigas que charlan a media mañana como vos y yo en el deck hacia el Nahuel. La de rulos está embarazada de tres semanas. (Te voy a ir a ver para contarte, algún día. Pero antes voy a ir no a contarte).
... Y nos vamos a sentar en el muelle a resumir en algunas pocas horas todo lo que pasó en el último millón de meses. O si no, reírnos de las pavadas de siempre, dejando de lado lo importante.
... Y cuando parta se me va a romper el corazón como cada vez que me alejo de mi casa, de ese cielo azul imposible, de esa brisa áspera.
... Y mientras espere acá la hora de irme para siempre, voy a seguir abalanzándome brutamente sobre las esquinas que de repente me llevan a tus tostadas.
Me equivoqué de día del dentista y me encuentro perdida, si ni siquiera puedo confiar en mi agenda...
Así que me siento en este bar, en una mesita afuera, con mantel floreado, al sol. Si no fuera porque desde acá veo mi auto (mal) estacionado en la esquina, creería que tomé un micro y me vine a algún pueblo en la provincia, como Mercedes u Orense, o inclusive Colonia, en Uruguay.
Volviendo a lo del auto, tirado ahí por el apuro o la ansiedad o esta invasión repentina de otro lugar que llegó y se metió en esta esquina de Buenos Aires de repente, quedó justo en la puerta de un local que no leo bien desde acá pero tiene muchos dibujos de Mafalda. Como si fuera un museo de Mafalda o un instituto donde enseñan a dibujarla o lo que sea.
Las tostadas terminan de llevarme, son iguales a las del camping. Y el perro de la calle que juega como loco con unas francesitas que cruzaron de Palermo para este lado, me convence: no estoy acá.
Se sientan dos amigas que charlan a media mañana como vos y yo en el deck hacia el Nahuel. La de rulos está embarazada de tres semanas. (Te voy a ir a ver para contarte, algún día. Pero antes voy a ir no a contarte).
... Y nos vamos a sentar en el muelle a resumir en algunas pocas horas todo lo que pasó en el último millón de meses. O si no, reírnos de las pavadas de siempre, dejando de lado lo importante.
... Y cuando parta se me va a romper el corazón como cada vez que me alejo de mi casa, de ese cielo azul imposible, de esa brisa áspera.
... Y mientras espere acá la hora de irme para siempre, voy a seguir abalanzándome brutamente sobre las esquinas que de repente me llevan a tus tostadas.
jueves, 26 de enero de 2012
Gracias
estamos los tres en la cama
después de comer
ellos no se quedan quietos
están alertas, con sus orejas atentas como radares
no estoy triste, estoy cansada
vienen los textos de mariano
la forma de mariano
no me acuerdo de su cara, pero de sus versos…
es chiquito y amable y me regaló esta columna de palabras para que la deje acá
mientras dormimos la siesta
ellos no se quedan quietos
están alertas, con sus orejas atentas como radares
no estoy triste, estoy cansada
vienen los textos de mariano
la forma de mariano
no me acuerdo de su cara, pero de sus versos…
es chiquito y amable y me regaló esta columna de palabras para que la deje acá
mientras dormimos la siesta
lunes, 16 de enero de 2012
El mágico momento de esperar
Me siento en una de las sillas de la fila. Ventana o pasillo? Ventana. Ahora y a bordo del avión. Qué será esa necesidad casi biológica de mirar para afuera?
Ninguna de mis listas de tareas se contextualiza en Aeropuerto. No tengo internet. La lista de llamadas está vacía. Pausa.
Miro la tele donde anuncian los vuelos. Todas las filas de Aerolíneas son coronadas con un Demorado/Delayed. Todas. Todas. No importa cuál sea el destino, si el viaje es por Aerolíneas, sale tarde. En fin... Recuerdo las palabras de un piloto amigo: "Los vuelos de Aerolíneas, si salen, llegan seguro". Espero la partida.
No estoy impaciente. Aunque me separen apenas unos minutos de mi mundo conocido, de mis paredes, de las listas de tareas, en este momento preciso y precioso, no hay nada más que hacer que esperar.
Por unos instantes, me hipnotizo con los autos, micros y camiones que recorren en fila la autopista. Gente que llega a Retiro desde alguna otra provincia, gente que va al médico, a ver a un amigo, gente que llega tarde al trabajo, gente que trabaja de tarde, acoplados que terminan en el puerto, algún que otro camión liviano, sin acoplado... El tren anaranjado pasa hacia un lado y hacia el otro, delineando el paisaje.
Delineador: tengo. Brillos: tengo. Base: no uso. Podría usar. Debería investigar un poco al respecto. La idea de visitar el free shop (de volver a visitar) pulula por un instante y después se esfuma como si nada...
Cuán pocos son los momentos de este tipo, en los que solamente resta esperar. Esperar. Tengo las uñas más largas que nunca (hermosas) porque hace muchos días que la tarea de limármelas tiene baja prioridad y termina siendo pateada para otra ocasión. No queda bien hacerlo acá, así que vuelve a diluírse una tarea potencial. Esperar.
Nunca escuché tanto portugués en Buenos Aires. Me gusta la gente extranjera.
Me resigno a este aparato pulgariento, creo que me pongo seria, abro la aplicación de notas y allá voy. Antes y después de perderme por la ventana, al margen de todos los idiomas que me rodean, de la tele con la información de los vuelos, de lo que tengo que decir y no decir, del aroma que despide la comida de aeropuerto, de la mismísima espera, de los aviones que van y vienen sin ser el mío, del celular de ese tipo, de la notebook de la nena de al lado, de los anuncios para embarcar a Punta del Este.
Punta del Este. Una aproximación completamente nueva. Sentimientos encontrados. Quiénes van a Punta del Este? Cómo fue que semejantes personalidades vacacionaron ahí?
Tengo frío. Por qué en verano tenemos que pasar frío?
Siempre me hago preguntas así.
Una chica que trabaja para el Ministerio de Turismo encuesta a los extranjeros. El señor que contesta está indignado: comer le resultó muy caro. Muy (énfasis). Ya lo sabíamos. En Rio de Janeiro no acostumbramos llevar mucho dineiro porque es perigroso y acá todo el tiempo nos están cobrando tasas extra y no nos alcanza! El turista se siente maltratado.
Ser turista es algo increíble. Genial. Fantástico.
Ahora está haciendo una descripción detallada de cómo mejorar el transporte público argentino. Gracias. El hotel fue malo.
Aclaman por altoparlante la presencia de las dos últimas pasajeras a Punta del Este. Una chica zumba a mi izquierda. Giro. El hombre de atrás se ríe con ganas del apuro, o tal vez es del brasilero que ya se hizo amigo de la entrevistadora. Mucho material para analizar. Un hombre generoso.
Desde acá se ve el barcito. Comer o no comer. Esa es la cuestión. Como decía, mucho material para analizar. Por suerte, empaqué más libros que ropa, y allá voy. Buen viaje!
Ninguna de mis listas de tareas se contextualiza en Aeropuerto. No tengo internet. La lista de llamadas está vacía. Pausa.
Miro la tele donde anuncian los vuelos. Todas las filas de Aerolíneas son coronadas con un Demorado/Delayed. Todas. Todas. No importa cuál sea el destino, si el viaje es por Aerolíneas, sale tarde. En fin... Recuerdo las palabras de un piloto amigo: "Los vuelos de Aerolíneas, si salen, llegan seguro". Espero la partida.
No estoy impaciente. Aunque me separen apenas unos minutos de mi mundo conocido, de mis paredes, de las listas de tareas, en este momento preciso y precioso, no hay nada más que hacer que esperar.
Por unos instantes, me hipnotizo con los autos, micros y camiones que recorren en fila la autopista. Gente que llega a Retiro desde alguna otra provincia, gente que va al médico, a ver a un amigo, gente que llega tarde al trabajo, gente que trabaja de tarde, acoplados que terminan en el puerto, algún que otro camión liviano, sin acoplado... El tren anaranjado pasa hacia un lado y hacia el otro, delineando el paisaje.
Delineador: tengo. Brillos: tengo. Base: no uso. Podría usar. Debería investigar un poco al respecto. La idea de visitar el free shop (de volver a visitar) pulula por un instante y después se esfuma como si nada...
Cuán pocos son los momentos de este tipo, en los que solamente resta esperar. Esperar. Tengo las uñas más largas que nunca (hermosas) porque hace muchos días que la tarea de limármelas tiene baja prioridad y termina siendo pateada para otra ocasión. No queda bien hacerlo acá, así que vuelve a diluírse una tarea potencial. Esperar.
Nunca escuché tanto portugués en Buenos Aires. Me gusta la gente extranjera.
Me resigno a este aparato pulgariento, creo que me pongo seria, abro la aplicación de notas y allá voy. Antes y después de perderme por la ventana, al margen de todos los idiomas que me rodean, de la tele con la información de los vuelos, de lo que tengo que decir y no decir, del aroma que despide la comida de aeropuerto, de la mismísima espera, de los aviones que van y vienen sin ser el mío, del celular de ese tipo, de la notebook de la nena de al lado, de los anuncios para embarcar a Punta del Este.
Punta del Este. Una aproximación completamente nueva. Sentimientos encontrados. Quiénes van a Punta del Este? Cómo fue que semejantes personalidades vacacionaron ahí?
Tengo frío. Por qué en verano tenemos que pasar frío?
Siempre me hago preguntas así.
Una chica que trabaja para el Ministerio de Turismo encuesta a los extranjeros. El señor que contesta está indignado: comer le resultó muy caro. Muy (énfasis). Ya lo sabíamos. En Rio de Janeiro no acostumbramos llevar mucho dineiro porque es perigroso y acá todo el tiempo nos están cobrando tasas extra y no nos alcanza! El turista se siente maltratado.
Ser turista es algo increíble. Genial. Fantástico.
Ahora está haciendo una descripción detallada de cómo mejorar el transporte público argentino. Gracias. El hotel fue malo.
Aclaman por altoparlante la presencia de las dos últimas pasajeras a Punta del Este. Una chica zumba a mi izquierda. Giro. El hombre de atrás se ríe con ganas del apuro, o tal vez es del brasilero que ya se hizo amigo de la entrevistadora. Mucho material para analizar. Un hombre generoso.
Desde acá se ve el barcito. Comer o no comer. Esa es la cuestión. Como decía, mucho material para analizar. Por suerte, empaqué más libros que ropa, y allá voy. Buen viaje!
Mientras tanto...
Mientras compramos y vendemos y rematamos y contraofertamos, los colibríes baten sus alitas como locos llevando y trayendo el futuro. Mientras debatimos, filosofamos, conversamos, argumentamos, las mareas suben y bajan y las olas arañan dulcemente la arena de las playas. Mientras estudiamos, leemos y subrayamos; mientras olvidamos y recordamos, los árboles fabrican nuestro oxígeno, el sol da vida a nuestro alimento, el viento acaricia nuestros pies... Mientras corremos en las cintas o en las pistas, los zorros atrapan a las gallinas, los lobos le gritan a la luna. Mientras lloramos porque nos abandonaron, mientras nos matamos de risa, el otoño sobreviene al verano y el invierno le palmea el hombro al otoño. Mientras escribo, los grillos cantan. Mientras cenamos esta comida rica que hizo mi mamá, la luna mira en silencio.
Todo sucede a nuestro pesar y a pesar de que estemos ocupados con otros asuntos.
Gracias :)
Todo sucede a nuestro pesar y a pesar de que estemos ocupados con otros asuntos.
Gracias :)
Con amor, para vos
I
Atravieso la calle mágica que sube entre paredes azules y vecinos de otro mundo. Al final, me confundo de dirección y entro por Arévalo. Paso por al lado de ese puestito de diarios donde hace años me juntaba con mis amigas de la Pueyrredón a repasar para los exámenes de Historia del Arte. Con Magaz. Qué tipa grosa... En el barcito de Ravignani y Paraguay hay un flaco tomando café mientras escribe (o al revés). Tiene una guitarra desnuda apoyada contra el vidrio. Me mira. Yo sólo miraba el barcito. Pensé que tal vez era ese que te gusta tanto. Seguro.
El 12 no era tan arriba como me acordaba. En la planta baja hay olor a hamster, que se va transformando en aroma del bosque de Poett o alguno parecido. La señora que limpia me mira raro. Seré la nueva, la otra, una? La saludo. Fiesta siempre al frente, encara la puerta. Los dos ronronean, se retuercen, me hablan. La goma EVA al revés. La pava simpática. Fiesta entra y sale de mi cartera. No llego al alimento. Todos los muñecos saludan. Me voy.
II
Hechos (sujetos a observaciones y/ o reprobación):
A Borja le gusta el ajo o a Fiesta le gusta jugar con el ajo.
Me gustó tu idea de tener novia.
Los gatos mean o mearon en el tocadiscos.
Para Fiesta, límites. Para el chico, mimos.
Me comí medio paquete de galletitas o más.
Me ofrezco a cortar uñas así se acostumbran.
Soy una densa.
Tu casa y la de mi mamá tienen algo muy profundo en común: el arte.
El barcito es realmente increíble.
Me tomé varios mates.
Las naranjas estaban buenísimas. Gracias!
Puse que soy una densa?
Mendoza es una provincia tan copada...
Ricitos de Oro es la que se quedó dormida en la cama del oso pequeño.
Te falta algo para darles todo a los bebés-gatos: pelo. Je...
Atravieso la calle mágica que sube entre paredes azules y vecinos de otro mundo. Al final, me confundo de dirección y entro por Arévalo. Paso por al lado de ese puestito de diarios donde hace años me juntaba con mis amigas de la Pueyrredón a repasar para los exámenes de Historia del Arte. Con Magaz. Qué tipa grosa... En el barcito de Ravignani y Paraguay hay un flaco tomando café mientras escribe (o al revés). Tiene una guitarra desnuda apoyada contra el vidrio. Me mira. Yo sólo miraba el barcito. Pensé que tal vez era ese que te gusta tanto. Seguro.
El 12 no era tan arriba como me acordaba. En la planta baja hay olor a hamster, que se va transformando en aroma del bosque de Poett o alguno parecido. La señora que limpia me mira raro. Seré la nueva, la otra, una? La saludo. Fiesta siempre al frente, encara la puerta. Los dos ronronean, se retuercen, me hablan. La goma EVA al revés. La pava simpática. Fiesta entra y sale de mi cartera. No llego al alimento. Todos los muñecos saludan. Me voy.
II
Hechos (sujetos a observaciones y/ o reprobación):
A Borja le gusta el ajo o a Fiesta le gusta jugar con el ajo.
Me gustó tu idea de tener novia.
Los gatos mean o mearon en el tocadiscos.
Para Fiesta, límites. Para el chico, mimos.
Me comí medio paquete de galletitas o más.
Me ofrezco a cortar uñas así se acostumbran.
Soy una densa.
Tu casa y la de mi mamá tienen algo muy profundo en común: el arte.
El barcito es realmente increíble.
Me tomé varios mates.
Las naranjas estaban buenísimas. Gracias!
Puse que soy una densa?
Mendoza es una provincia tan copada...
Ricitos de Oro es la que se quedó dormida en la cama del oso pequeño.
Te falta algo para darles todo a los bebés-gatos: pelo. Je...
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