viernes, 27 de enero de 2012

De acá y de alla

Hay esquinas de Buenos Aires que no parecen Buenos Aires. Me encuentro una, donde está el barcito Las Damas.
Me equivoqué de día del dentista y me encuentro perdida, si ni siquiera puedo confiar en mi agenda...
Así que me siento en este bar, en una mesita afuera, con mantel floreado, al sol. Si no fuera porque desde acá veo mi auto (mal) estacionado en la esquina, creería que tomé un micro y me vine a algún pueblo en la provincia, como Mercedes u Orense, o inclusive Colonia, en Uruguay.
Volviendo a lo del auto, tirado ahí por el apuro o la ansiedad o esta invasión repentina de otro lugar que llegó y se metió en esta esquina de Buenos Aires de repente, quedó justo en la puerta de un local que no leo bien desde acá pero tiene muchos dibujos de Mafalda. Como si fuera un museo de Mafalda o un instituto donde enseñan a dibujarla o lo que sea.
Las tostadas terminan de llevarme, son iguales a las del camping. Y el perro de la calle que juega como loco con unas francesitas que cruzaron de Palermo para este lado, me convence: no estoy acá.
Se sientan dos amigas que charlan a media mañana como vos y yo en el deck hacia el Nahuel. La de rulos está embarazada de tres semanas. (Te voy a ir a ver para contarte, algún día. Pero antes voy a ir no a contarte).
... Y nos vamos a sentar en el muelle a resumir en algunas pocas horas todo lo que pasó en el último millón de meses. O si no, reírnos de las pavadas de siempre, dejando de lado lo importante. 
... Y cuando parta se me va a romper el corazón como cada vez que me alejo de mi casa, de ese cielo azul imposible, de esa brisa áspera.
... Y mientras espere acá la hora de irme para siempre,  voy a seguir abalanzándome brutamente sobre las esquinas que de repente me llevan a tus tostadas.

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