Un último hilo de vos y después,
este segmento de cielo blanco,
silencioso
y nada.
Este latido
pulsa allá abajo, naranja.
No quiero escucharte,
no quiero verte,
no quiero este cielo hueco.
No quiero ser tan obvia,
no quiero las manos en el hombro...
Mucho menos, que se rian,
mucho mucho menos, los sermones.
Ni hablar de las miradas que me ven desde arriba
(me hacen diminuta).
Por suerte, siempre estuve al margen
de todo.
Nada es verdad... sólo el sol.
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