Hoy subí más decidida que otras veces.
Corté todos tus frutos, que, en chiste, son casi mis hijos y en serio... también.
La piel de la mayoría estaba áspera. Muchos habían comenzado a pudrirse, o terminado de olvidar.
Tus ramas permanecieron ahí, secas, extrañadas... como pidiendo por favor.
(No sé cómo funciona esto. Se supone que, al final de la temporada, ¿uno se despide? Así... ¿rodeado de muerte...? ¿O me siento a esperar a que, después del invierno, las hojas vuelvan a estar verdes y, como esta primavera, brillen como lo hicieron las pocas que estuvieron sanas?)
Este mediodía nadie va a entender por qué los tomates no están condimentados. Pocos van a sentir ese sabor medio ácido y apenas dulzón de los frutos rojos de variados tamaños.
Hoy es el final.
Me veo tan triste y me espanto... Algunos péndulos-semillas golpean mis pecas y sé que es real.
Evoco torpemente a quienes me alentaron, a esas manos escasas y amorosas que compartieron la brutalidad del sol en verano, el amotinamiento de los miles de bichos que nunca desistieron... inclusive hasta hoy.
Vida.
¿Será que esos intrusos diminutos seguirán colmando la terraza de latidos infinitos?
voto q si a tus pecas protagonistas
ResponderEliminar