Hace algún tiempo que tengo el deseo incontenible de volver a Cuzco
Es la atmósfera
Los choclos al mismísimo borde de la exageración,
con la tajada de queso blanquísimo sobre el amarillo imposible de los granos
La caminata lenta y pausada a través de valles dibujados con piedra
Las subidas casi penosas
Las bajadas invisibles...
el sol
La confusión de los mercados, de los vendedores, de las mercancías... de los miles de pasos que dimos
Los arco iris de las polleras
La inmensidad del aire que huía desde mí y hasta mí
(Castaneda entrando por el umbral de ese paisaje espeso...)
El tren
La explosión desde el interior del pasadizo
Los amigos,
los otros
La ceremonia representada y verdadera del nuevo milenio
... y los millones de ojos bajando urgentes del santuario a los bares
Las aguas más que tibias
Las pulgas del ahorro
La cruz de cuatro puntas iguales, iguales, iguales, iguales
La presencia inevitable del segmento invasor
La bandera de siete colores,
las fronteras de la paz...
La revancha
Volver
a estar tan cerca y tan lejos
Volver al impagable balcón de Félix,
a las cenas del mismo precio que los helados del quiosco,
a la bolsa de dormir,
al té de coca,
al malestar infinito de la distancia al mar,
a los brazos extendidos en el horizonte,
a la onda expansiva de los miles de años...
Hoy te extraño, Cuzco.
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